“Como terapeutas tenemos un deber muy claro. Primero, conseguir claridad en nosotros mismos; y buscar luego cualquier señal de claridad en los demás y apoyarles y reforzarles en todo lo que haya de sano en ellos”. G. Bateson.

Cuenta una anécdota respecto al trabajo del psicoterapeuta norteamericano Milton Erickson que en cierta ocasión llegó a su consultorio una joven con un plan establecido de suicidarse al término de un plazo determinado. Se notaba muy convencida de llevarlo a cabo y, ante lo que la lógica convencional supondría, Erickson, lejos de contradecirla en su perturbadora intención, simplemente preguntó algo como: “¿te parece si mientras el plazo se cumple platicamos durante algunas sesiones?” Éstas y otras formas de hacer terapia de manera diferente (con un sentido estratégico) llevaron a que la joven en cuestión declinara en su intento suicida e incluso desarrollara interés por el oficio de la costura, utilizando de manera constructiva su peculiar afición por los objetos punzocortantes. En el presente escrito se hace un breve repaso de las influencias teóricas, de las cuales forma parte Erickson, que han llevado a la conformación del Modelo Centrado en Soluciones de la Terapia Breve con orientación Sistémica, y se analizan los supuestos en los que se basa dicho estilo de hacer terapia.

Los supuestos de la terapia centrada en soluciones:

Tal como lo denotó el trabajo (y en general, la vida) de Erickson, la Terapia Centrada en Soluciones (TBCS) se trata de un enfoque novedoso y efectivo enmarcado en la Terapia Breve que parte de algunos supuestos (Selekman, 1993, citado por Bannink, 2010):

La resistencia no es un concepto útil; por el contrario, la cooperación y el cambio son inevitables. Desde la perspectiva tradicional, el terapeuta asume un papel de experto mientras que el consultante juega un papel subordinado. El terapeuta dirige el proceso, mientras que el cliente sólo “obedece”. Desde el enfoque de soluciones, la relación entre ambos sujetos ha de ser de cooperación, “el cliente dirige, el profesional sigue” (Bannink, 2010). Para favorecer la cooperación y aminorar la resistencia, el terapeuta destaca las fortalezas y recursos del consultante; dos estrategias útiles para ello son el uso del humor y la normalización. Se necesita sólo un pequeño cambio. El profesional que utiliza un lenguaje de soluciones alienta a sus clientes a encontrar las excepciones al problema, es decir, aquellas situaciones o momentos en los cuales el problema no está presente. Esta estrategia permite direccionar a la persona hacia la búsqueda de soluciones. Una vez que se ha conseguido un pequeño cambio, ocurre un efecto de bola de nieve, sucediéndose nuevos cambios. La mayoría de clientes poseen los recursos que necesitan para cambiar, por ende, son ellos quienes determinan el objetivo del tratamiento. Dado que el profesional actúa desde una postura cooperativa con el consultante, fungiendo como co-creador de la terapia, es éste último quien fija el objetivo del proceso. Se parte de la premisa, de tinte socrático, de que los recursos para superar el problema se encuentran dentro del cliente, por lo cual “la tarea del profesional centrado en soluciones es ver, junto al cliente, una meta realista… La probabilidad de éxito es mayor si los clientes creen tener un poco de control personal sobre su futuro” (W.R. Miller, 1983; W.R. Miller & Rollnick, 2002, citado por Bannink, 2010). Los problemas son intentos sin éxito para resolver dificultades. De manera semejante a como lo plantea el enfoque estratégico de la Escuela de Palo Alto, aquello que origina y perpetúa un problema son justamente los intentos (fallidos) por solucionarlo. Sería conveniente para el terapeuta de soluciones preguntar al cliente: “¿Qué fue agradable o molesto en sus experiencias anteriores con otros profesionales, qué fue útil y qué ha ayudado?” (Bannink, 2010). No se necesita saber mucho sobre un problema para resolverlo. Bajo este supuesto, es aplicable nuevamente el preguntar por las excepciones al problema, indagar sobre los éxitos previos del cliente y destacarlos. La realidad es definida por el observador, y el profesional centrado en soluciones participa creando la realidad del sistema con el que está trabajando. Parafraseando a los teóricos del enfoque del construccionismo social, lo que suponemos como realidad objetiva es una percepción individual matizada por las experiencias, valores, creencias y supuestos que cada persona tiene. La realidad es, en suma, un delirio consensuado mediatizado por el lenguaje. Por lo tanto, es posible co-construir con el cliente una realidad diferente acerca de sí mismo y/o de su situación. En el mismo sentido, Watzlawick y Nardone (1990, citado por Herrero, s.f.), suponen que la realidad es un constructo negociable que se crea a partir del lenguaje. Es decir, no existe un conocimiento verdadero o absoluto de las cosas, sino que cada persona crea su realidad con base en sus percepciones sobre la misma. Bajo estas premisas se cuestiona la idea de “normalidad”, pues existen tantas maneras de vivir y de actuar, como seres humanos en el planeta, de tal forma que no existe un patrón único de comportamiento que pueda considerarse correcto (Beyebach, 2005, citado por Herrero, s.f.). En síntesis, un profesional centrado en soluciones “es un coautor que ayuda al cliente a reescribir su historia” (Bannink, 2010). Hay muchas maneras de ver una situación, todas igualmente correctas. Tal como el cuento de los exploradores que percibían de manera difusa diferentes partes del mismo elefante en medio de la oscuridad de la sabana africana, todos los puntos de vista sobre una situación pueden ser correctos. Es posible que lo que en el presente constituye un problema para el paciente, haya sido una solución en el pasado. Quizá el propósito último del terapeuta de soluciones sea construir junto con su cliente una manera más funcional de ver la situación que aquella que lo condujo a terapia.

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Influencias teóricas del Modelo Centrado en Soluciones

La TBCS contiene ideas que cuestionan las creencias del pensamiento terapéutico tradicional, que suele patologizar al ser humano, soslayando el análisis de las fortalezas de las personas y los intentos exitosos de solución. Otros modelos se centran en el pasado del sujeto indagando en las causas de la problemática de la persona, mientras que la TBCS se ubica en el presente y hacia el futuro, y sugiere al cliente escenarios posibles o alternativos de solución, centrándose menos en los porqués y más en los cómos. Se mencionó líneas arriba que unas de las primeras influencias para la TBCS la constituye los trabajos de Milton Erickson, su Modelo enfatiza el supuesto de que la mayoría de los pacientes poseen los recursos necesarios para gestionar el cambio en sus vidas; en este sentido, es importante que se utilice lo que el paciente “nos trae” a la consulta (Coll, s.f.). Al respecto, Watzlawick, refiriéndose al punto de vista ericksoniano del término utilización, plantea:

El terapeuta […] se esfuerza por comprender con la mayor rapidez y amplitud posible […] la concepción del mundo de su paciente, […] presta atención a su lenguaje en el más estricto sentido de la palabra y lo utiliza para expresar con él sus propias comunicaciones. (Watzlawick, 2002, p. 124)

Otro concepto tomado de Erikson fue el de pseudoorientación temporal; consiste en poner en trance al paciente y luego ayudarlo a crear una distorsión del sentido del tiempo, preparando el camino para que el paciente retroceda y avance en el tiempo. Erikson trasladaba a aquél a un momento del futuro en el que había resuelto exitosamente el problema que lo aquejaba en el presente. Le pedía al paciente que visualizara un encuentro con él en ese futuro hipotético y le contara cómo había solucionado el problema. (Selekman, 2005). Incluso la resistencia puede utilizarse a favor de la terapia reestructurando toda forma de ella y reinterpretándose cada fracaso o retroceso como una prueba de éxito (Watzlawick, 2002). Es precisamente Paul Watzlawick, quien junto con Weakland, Fisch, Segal y otros, retomando los trabajos sobre la comunicación humana de Bateson, abonan al bagaje de la TBCS, desde la Escuela de Palo Alto, California. Para estos investigadores los problemas humanos son el resultado de la interacción entre una cognición específica y los intentos de solución que de ella se derivan (Valdés, 2007). Por ende, el terapeuta ha de definir con claridad el problema e indagar exhaustivamente las soluciones intentadas respecto al mismo. Tendiendo un puente con la TBCS, desde una postura construccionista, Watzlawick (1984, citado por Beyebach, 1999) considera que en terapia la realidad no se descubre, sino que se crea a partir de los presupuestos teóricos y en interacción con las aportaciones de los clientes. Aun considerando las influencias antes mencionadas, se puede fijar el inicio formal de la TBCS, que puede concebirse como la hermana mayor de la terapia formulada en el Mental Research Institute (Lipchik, 2004), en Milwaukee, a fines de la década de los 70, en el Centro de Terapia Familiar Breve, fundado por Steve de Shazer y su esposa Insoo Kim Berg. En una primera fase del modelo, de Shazer basó el trabajo terapéutico en fomentar el descubrimiento de las excepciones al problema. Parte de la consideración de que existen momentos en la vida de los clientes en los cuales el problema no está presente, y encuentran estrategias funcionales para hacer frente a la situación. “En ciertos momentos, un adolescente difícil no es desafiante, una persona deprimida se siente menos triste, un tímido puede ser sociable, un obsesivo es capaz de relajarse” (Cade y O’Hanlon, 1995, p. 114). Para ayudar al cliente a encontrar estas excepciones, se realizan preguntas del tipo: ¿Existen ocasiones cuando (el problema) no ocurre u ocurre con menor frecuencia? (Coll, s.f.) y se le invita “a reconocer lo que ya ha estado haciendo y puede definirse como exitoso o, por lo menos, como encaminado en dirección a un abordaje más eficaz del problema” (Cade y O’Hanlon, 1995, p. 115). En un segundo momento del desarrollo de la Escuela de Milwaukee, Insoo Kim Berg es la primera en utilizar la llamada pregunta milagro, a principios de los años 80, considerándola como la piedra angular del Modelo Centrado en soluciones: “Imagina que esta noche, mientras estás durmiendo, sucede una especie de milagro y los problemas que te han traído aquí se resuelven, no como en la vida real, poco a poco y con el esfuerzo de todos, sino de repente, de forma milagrosa. Como estás durmiendo no te das cuenta de que este milagro se produce. ¿Qué cosas vas a notar diferentes mañana que te hagan darte cuenta de que este milagro se ha producido?” (Herrero, s.f. p. 30). La pregunta milagro se constituye en una forma de definir metas, así como en una proyección a futuro y en una manera de definir un camino realista hacia la solución del problema. Otros dos profesionales relacionados con la TBCS y que han influido sobre dicho modelo, aunque el primero de ellos estrictamente no forma parte de él –incluso, por el contrario, busca desmarcarse del mismo- pudiendo conformar ya una cuarta oleada de la psicoterapia, son William O’Hanlon y Matthew Selekman. El primero formula la Terapia de Posibilidades, perspectiva que “además de centrarse en las capacidades y las soluciones, también se centra en el presente y en el futuro y procura considerar con respeto el pasado, los problemas, los diagnósticos y las medicaciones” (O’Hanlon, 2001, p. 192).

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Emparentando con los postulados de De Shazer, este tipo de terapia también busca “explorar y destacar las soluciones, las aptitudes, las capacidades y las excepciones” (O’Hanlon, 2001, p. 195) en las situaciones planteadas por los clientes. Sin embargo, el propio O’Hanlon no considera a la suya como una terapia crédulamente positiva, más bien declara:

La terapia de posibilidades reconoce la gravedad de la situación del cliente: no la minimiza ni intenta contrarrestarla con un optimismo irreal. Y, aunque también reconoce la posibilidad de que las cosas no puedan cambiar […], se esfuerza por producir un cambio en la dirección del viento que dirige la vida del cliente (O’Hanlon, 2001, p. 196).

En cuanto a la Terapia Basada en Fortalezas de Mathew Selekman, éste afirma que hay situaciones bajo las cuales el enfoque centrado en la solución resulta insuficiente. Tal es el caso de “familias muy traumatizadas o que oponen mucha resistencia, o en casos crónicos de adolescentes” (Selekman, 2005, p. 25). En estas circunstancias, Selekman estimula al terapeuta a ser creativo, a divertirse con sus pacientes y a elaborar su propio estilo de terapia breve y a emplear técnicas como la externalización, en la cual el problema se objetiva y se visualiza de manera externa al paciente o a la familia, presentándolo como un tirano que los atormenta. Por ejemplo:

La familia se refiere al problema de Mary como a una “depresión”; el terapeuta puede formular las siguientes preguntas en las que se externaliza el problema: “¿cuánto hace que la depresión los ha estado acosando?” “Mary, cuando la depresión trata de llevarse lo mejor de ti, ¿qué hacen tus padres para ayudarte a vencerla?”. (Selekman, 2005, p. 26)

Retomando las ideas de terapeutas como Michael White, quien utiliza recursos como organizar fiestas para la familia, otorgándole diplomas y trofeos; Selekman, que utiliza rituales que fortalecen a cada uno de sus integrantes para emprender nuevos caminos en su vida, complementando el enfoque de terapia breve centrado en soluciones, un enfoque positivo y basado en las fortalezas de la familia (Selekman, 2005). En conclusión, el Modelo Centrado en Soluciones plantea una perspectiva ante la vida en la cual las adversidades de la misma puedan asumirse como oportunidades de crecimiento o impulsos para alcanzar una meta. El terapeuta actúa como un promotor de resiliencia al ayudar a ver las posibilidades constructivas frente a una situación aparentemente irresoluble. De esta manera, la TBCS representa una forma revolucionaria de hacer terapia. Los tiempos que corren anhelan, sino es que exigen, alternativas que ayuden a reenfocar y redescubrir las fortalezas de las personas. El cambio es inevitable y las realidades personales, familiares y sociales que de ello deriven habrán de ser más agradables y sólidas en tanto se construyan partiendo menos de las sombras y más de las claridades humanas.