La formación teórica en psicología parece siempre quedar a deber algo a los estudiantes, sin embargo, dicha falta pretende ser cubierta a partir de la práctica en un contexto real que implique la experiencia directa con una población. En este sentido, la práctica se vuelve el punto cúspide de la formación, pues se espera que el estudiante adquiera o mejore no sólo las habilidades necesarias para el desarrollo de su trabajo, sino que también logre la articulación entre aquellos conocimientos formativos adquiridos en el aula y la praxis específica en el acompañamiento de otro.

Este artículo describe la experiencia del anudamiento entre el caso de un grupo de padres y madres de hijos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans) y tres aspectos de la formación psicológica, experimentados y reflexionados a partir de la ausencia del grupo en cuestión.

El acercamiento a las poblaciones y el inicio de la práctica la mayoría de veces se da mediante la integración del estudiante a una institución que le delega algún trabajo de forma directa; es decir, alguna función que deberá operar según la demanda institucional. Las instituciones guardan una experiencia distinta a la del estudiante-practicante, muchas veces más sistematizada, ya sea en manuales, libros o en directrices generales que guían el trabajo de intervención que debe emprenderse con las poblaciones atendidas.

Así, en muchas ocasiones la intervención consiste en seguir, hasta cierto punto, manuales anteriormente desarrollados a partir de la experiencia de trabajo institucional, pero ¿qué pasa cuando se emprende un nuevo proyecto grupal por parte de la institución? Las posibilidades son variadas, pudiendo ir desde complicaciones debido a la falta de pericia del que opera el proyecto, hasta el éxito de éste debido a la creatividad y motivación con que el ejecutor realiza sus acciones con la población. Pero las posibilidades pueden ir incluso más allá, algo fuera de la responsabilidad del encargado del proyecto o de la institución: la ausencia de la población con quien se pretendía trabajar.

La respuesta institucional ante este hecho será tomada de acuerdo a su experiencia, pero se hace relevante pensar el caso del practicante, el practicante sin población, para ser exactos. Bien puede ocurrir que la institución le delegue otro trabajo y ahí se articule la teoría y práctica formativa buscada, pero ¿es adecuado dejar pasar esta ausencia sin ninguna reflexión?

Si como se mencionó anteriormente, la práctica resulta el momento cúspide de la formación por el contacto con otro, ¿qué sucede cuando esos otros no llegan y el proyecto queda sin posibilidad de ejecución? Es decir, ¿qué hacer cuando ese otro no está?, ¿es posible una articulación teórica y un aprendizaje práctico a partir de esta ausencia? Seguramente que sí, pero será un aprendizaje distinto al esperado, pues implicará un reto de creación.

Aprender desde la ausencia del otro parece más complejo que el propio encuentro con éste, sin embargo, permite comprender de modo radical y desde la experiencia tres supuestos de gran importancia para la formación en psicología: la institución donde se realiza la práctica tiene su propio deseo; el tiempo de los sujetos no es el tiempo de la institución; la psicología es posibilidad de creación.

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La institución tiene su propio deseo

La creación de proyectos por parte de las asociaciones o instituciones responde no únicamente a la necesidad de la población, sino también al deseo propio de la institución y sus miembros.

La asociación de esta experiencia en particular está formada por padres y madres de hijos LGBT que aceptan a sus hijos y tienen la intención de generar espacios para que otros padres como ellos puedan resolver la situación de duelo (como ellos lo conciben) por la homosexualidad o lesbianismo de sus hijos e hijas.

Siguiendo con lo anterior, es posible observar la implicación de aquellos que dirigen la asociación y, por tanto, las demandas latentes del trabajo con otros padres. Ana María del Cueto (2014) menciona que la institución desde donde el profesional psi realiza su trabajo tiene “sus propias reglas, sus propios deseos, y su propia idea de los cambios que deben ocurrir en la comunidad”.

Bajo este entendido cabe pensar, ¿cuál debe ser el lugar del practicante frente a la demanda institucional? Ante el cuestionamiento habrá diversas respuestas, sin embargo, en esta experiencia en particular no hubo oportunidad de poner ninguna en práctica debido a que no se congregó el grupo esperado. Sin embargo, queda claro que al practicante correspondería sostener el proceso de los padres que vienen al grupo y no la demanda institucional de aceptación de los hijos, pues al profesional psi corresponde acompañar el proceso de los sujetos.

Ahora bien, el deseo de la institución no queda borrado simplemente por la ausencia de los padres, más bien toma otras formas a través de las cuales busca su cumplimiento. Este punto será brevemente retomado como posibilidad de creación para el profesional psi, a partir de la escucha del deseo institucional.

El tiempo de los sujetos no es el tiempo de la institución

Una regla fundamental para los profesionales de la psicología es reconocer que el otro determina su propio momento para acercarse a un servicio de atención individual o grupal, pues éste debe partir de su propio deseo, sin embargo, como hemos dicho, la institución también tiene sus propias motivaciones e ideas sobre los tiempos adecuados para intervenir.

En este caso, la lectura de este grupo podría caer en una interpretación radical que pretendía saber todo sobre los sujetos, aunque de haberlo sabido todo, se abría esperado tal ausencia. En cambio debe quedar más bien un cuestionamiento abierto para la institución y el practicante: ¿para los sujetos era el tiempo adecuado de hablar de estos temas?

La respuesta a la pregunta anterior sólo podrían darla ellos, y quizá la dieron mediante la ausencia. Entonces corresponde preguntarse si más bien fue el deseo institucional lo que determinó el programa por considerarlo necesario, desde su particular punto de vista. En este sentido, no puede negarse la experiencia de la institución ni tampoco juzgarse sus intenciones, más bien hace falta notar la falta de demanda por parte de la población en cuestión.

La actitud abierta que mantenga la institución frente a la ausencia puede generar mayor posibilidad de articular una intervención que tenga sentido para los participantes a partir de la demanda gestada por estos cuando consideren que es el tiempo adecuado.

Este punto es esencial para la formación, pues este aprendizaje para el practicante le demuestra que ni él ni la institución son los expertos de la problemática del otro, si acaso saben teórica y, en cierto modo, algo empírico sobre la población general, pero eso no los coloca en una posición que permita determinar cuándo es el tiempo adecuado para la singularidad del otro.

La psicología como posibilidad de creación

La ausencia del otro, entendida como la posibilidad de un sujeto o un grupo de determinar su propio tiempo para demandar una intervención, enmarca la importante tarea de acompañar en estos casos a la institución, pues es ésta la que experimenta el incumplimiento de su deseo.

Dicho acompañamiento puede llevarse acabo de diversos modos, según la singularidad de cada práctica y las necesidades derivadas en cada situación.

En esta experiencia, el acompañamiento se generó a partir de la recuperación de narrativas de los propios padres y madres que ya integran la asociación, pues esto devuelve la posibilidad de mirar hacia dentro de la institución una vez más, para reconocer las guías actuales y futuras del trabajo con otros padres. Como complemento de esta medida, se inició el trabajo de recuperación de narrativas de otras madres dispuestas a compartir su experiencia sin necesidad de un trabajo grupal. De este modo, se muestra la tarea de comprender y respetar la ausencia del grupo de sujetos y también reflexionar sobre el deseo institucional.

Finalmente, es necesario recalcar que la realización de una práctica comprende no únicamente a la población y al practicante o profesional psi, sino también a la institución, por lo cual en esta tríada de trabajo debe atenderse tanto la presencia o ausencia de la población como el deseo institucional, pues es a partir de la escucha atenta de ambos donde la psicología puede volverse creación.