En la literatura clínica abundan los artículos y libros de casos sobre salud mental. Pero como Jesús Ramírez Bermúdez (1973) además de ser neuropsiquiatra e investigador es escritor, presenta algo diferente en su nuevo libro, Un diccionario sin palabras y tres historias clínicas, editado por Almadia. No es a la manera de Freud, similar a la estructura del cuento policiaco, donde los síntomas son pistas para que el lector intente seguir al autor y al final éste descubra o resuelva el misterio. No es al estilo de Oliver Sacks, donde el autor plantea los casos y desaparece. No es tampoco el típico caso interrumpido constantemente por la sapiencia objetiva del autor, que trata de demostrar que siempre tiene la razón y el paciente es sólo la prueba. Eso es lo más común: el paciente se va al segundo plano y el médico al primero. El ego les hacer creer a los médicos que ellos son los más importantes. Hacen que intervenga su ego yo para que eso dé la medida de lo real. Sin embargo, Jesús Ramírez no duda en mostrar cómo en ocasiones el paciente sobrepasa al médico, ya sea con la sorpresa o con la desilusión. Además, da la impresión de que no trata enfermedades sino personas; sé que esto es ya un lugar común, pero en la actualidad es un lugar común demasiado extraño, más en el servicio publico. Pocos atienden a un paciente sin cita, se involucran, intercambian teléfonos y tratan de forma amable a los familiares. La parte ética, aunque no es la intención del autor resaltarla, es imposible no notarla. Jesús Ramírez nos recuerda que incluso los hombres de ciencia no deben dejar a un lado la parte humana. ¿Pero hasta donde se permite involucrarse? He ahí el riesgo, cuando el caso lo supera, lo sorprende o lo frustra. Es entonces cuando se deja a un lado la bata y la persona se muestra, dialoga y se interroga a sí mismo. No es sólo la reflexión del medico, sino de la persona, de alguien que lee a Gadamer o al viejo Cioran por las noches. De ahí que el libro mezcle el ensayo y la narración y se nos presenten los casos de tres pacientes: Diana, Amanda y Elvira, cada una de diferentes contextos sociales pero con la imposibilidad de comunicarse. El problema es el lenguaje, tratar a personas privadas del lenguaje. Para Lacan el intercambio simbólico es lo que vincula entre sí a los seres humanos, o sea la palabra, y eso permite identificar al sujeto. Para Gadamer, el ser que puede ser entendido es lenguaje. Y las pacientes saben que hablan pero ignoran el lenguaje que hablan. Se cumple entonces la visión del psicoanálisis, el hombre es el sujeto capturado y torturado por el lenguaje. Y uno de los conflicto es que la terapia del lenguaje se centra en las palabras. Entonces, ¿cómo llevar la recuperación sin lenguaje verbal? Ya que éste no se atrapa por un cabo, debe ser tomado en conjunto. Y para que pueda ser capturado en conjunto debe ser tomado del lado del significante. Pero al parecer significantes y significados se almacenan en diferentes compartimientos cerebrales. Aun así el interés de Jesús Ramírez se mantiene porque sabe que el camino a la recuperación puede ser más de uno. Por ello mantiene la esperanza y el diálogo con sus colegas, está al tanto de los casos y se involucra en la vida de sus pacientes; entonces se muestra la vida de ellos fuera del hospital, de cómo los lazos familiares son la red de apoyo más importante para que intenten sobrellevar sus vidas. Y en uno de los casos pareciera que no son necesarias las palabras para tener una historia de amor.

Durante todo el libro el doctor le explica a los pacientes, a los lectores, utiliza sólo términos necesarios, introduce al publico conceptos que sólo parecían estar reservados a los neurólogos, los traduce para todo tipo de lectores. Pero no por eso deja a un lado la parte clínica, describe, apunta y señala de manera cronológica lo necesario para que los casos también sean estudiados. A la par se pueden leer acotaciones que no sólo explican, sino que extienden el texto; breves historias que se mantienen por sí mismas y que no podían relegarse a un pie de página.

Por último, Jesús Ramírez comparte también un breve diccionario de neologismos producidos por sus pacientes del hospital psiquiátrico y otros más recopilados en textos clásicos de la psiquiatría. De todas las palabras propuestas, transcribo dos de las que más me gustaron. La primera es artigenizar, y se refiere a la fusión entre un humano y un mutante. La segunda es simportación, que es la habilidad única de algunas especies, principalmente extraterrestres, para pasar a través de los cuerpos de las personas, pudiendo mantenerse dentro de dichos cuerpos por largos periodos de tiempo.