La relación entre el psicoanálisis y los campos de la medicina son históricos y se remontan a los mismos orígenes.

El desarrollo profesional de Freud lo lleva al campo de la medicina, originalmente dirigido a la investigación en el campo naciente de la neurología, sin embargo, la realidad económica que enfrenta le hace desistir y ocuparse del quehacer médico, para lo cual realiza una serie de actividades, entre las que destacan la visita a París, al Hospital de La Salpetriere y su paso por el pabellón psiquiátrico del hospital general vienés.

El estudio de la histeria le lleva cada vez más a deslindar la frontera entre el psicoanálisis y otros campos de la medicina de la clínica de la mirada a una novísima dimensión de la clínica de la escucha, sin que deje de jugarse, en ambas, la dimensión del cuerpo.

La producción significante podría llevarnos a diferentes derroteros, pero dedicaré el tiempo a la revisión de, al menos, dos aspectos: el histórico y el papel del proyecto de psicología, así como otros textos prepsicoanalíticos en esta intertextualidad; y segundo, el campo de la clínica psiquiátrica y psicoanalítica para reconsiderar en ésta el mismo orden de ideas.

Sobre el proyecto…

Este año se cumplen 121 del intento de escritura del Proyecto de Psicología para Neurólogos de Freud.

Entre 1886 y 1896, Freud, el médico, va transitando hacia el campo de la psicología y descubriendo el tortuoso camino del psicoanálisis. ¿Por qué escribir un proyecto de psicología, y además, para neurólogos? La decisión de cambiar el rumbo, frente al nebuloso futuro como investigador en el Instituto de Fisiología, le hace volver la mirada al campo de la medicina. Desecha el campo de la psiquiatría por razones prácticas, pues le parece que no tiene elementos terapéuticos prácticos ni suficientes y continúa por el campo de la neurología en el cual es experto. Gradualmente abandona el campo clínico de la neurología y se descentra, para colocarse en el incipiente campo de las neurosis.

En su relación con Fliess, Freud habrá de transmitir sus inquietudes acerca del proyecto, mismo que viene pensando desde tiempo atrás. Freud mantuvo con Fliess una fuerte relación de intercambio epistolar entre 1887 y 1902. Fliess era médico berlinés, de especialidad otorrinolaringólogo, dedicado a las enfermedades del oído, nariz y garganta, y fue por quien Freud se hizo escuchar. Los significantes, a la manera de la carta robada, circulan entre ellos, como circularán entre Freud y la neurología y como continúan circulando entre las neurociencias y el psicoanálisis.

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En la carta 24, del 25 de mayo de 1895, Freud le refiere lo siguiente:

“Esa psicología me ha hecho desde tiempos inmemoriales su lejano y cautivante llamado, pero ahora, desde que di con las neurosis, se ha tornado mucho más próxima. Dos ambiciones me atormentan: primero, averiguar qué forma cobrará la teoría del funcionamiento psíquico si se introduce en ella un enfoque cuantitativo, una especie de economía de la energía nerviosa, y segundo, extraer de la psicopatología aquello que pueda ser útil para la psicología normal…”

Meses más tarde, el seis de agosto, en la carta 26, comenta:

“Después de una larga reflexión, creo que he llegado ha comprender la defensa patológica y, al mismo tiempo, muchos importantes procesos psicológicos.”

Días más tarde, el 16 de agosto, en la carta 27 refiere:

“Después de todo, yo sólo pretendía explicar la defensa, pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza. He tenido que elaborar los problemas de la cualidad, el dormir, la memoria: en suma, la psicología entera. Ahora no quiero saber más de esto.”

Freud pretende relacionar una de las inquietudes milenarias del saber humano, la relación entre psique y soma, pero cada vez que lo intenta se encuentra con algún obstáculo que le confunde. El recorrido va de la psicopatología a la psicología normal, del incipiente concepto de defensa a la elaboración de los procesos normales de la psicología.

Los estudios de Freud publicados durante su estancia en el Instituto de Neurología, seguían la línea de la ciencia dura, bajo un método estricto y objetivo, y eran de tipo experimental para establecer los procesos fisiológicos normales del sistema nervioso. Señalemos su relación con la cocaína y cómo ésta se colocaba en el plano de una substancia con posibles usos terapéuticos, de lo cual se derivaron sus experimentos con la misma y sus propiedades anestésicas que estuvo a punto de publicar. Sólo unos años más tarde, en 1906, Santiago Ramón y Cajal obtuvo el premio Nobel de medicina con sus resultados sobre la histología y la fisiología de la neurona, con lo cual fundó la llamada doctrina de la neurona, pero para entonces, Freud había abandonado totalmente el proyecto, desde 1895. El ocho de noviembre, en la carta 35 le informa a Fliess que lo ha dejado en un cajón. Finalmente, en la carta 39 del primero de enero de 1896, elaboró una última y larga consideración teórica y definitivamente lo abandonó. Con esto, Freud estaba completamente descentrado, ahora se ubicará en la doctrina de las neurosis…

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En 1893 Freud publicó en los Archivos de Neurología un trabajo realizado a sugerencia de Charcot, titulado “Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas”. Allí, señaló, a propósito de su clasificación sobre las parálisis orgánicas, las llamadas parálisis de representación, para denominar a las parálisis cerebrales. El argumento era simple, en las parálisis periféricas, cada elemento de la periferia corresponde a un elemento en la substancia gris medular, lo que da lugar no sólo al arco reflejo, sino a la inervación terminal neurona-efector. Para la corteza cerebral no ocurre lo mismo, dada la complejidad de la estructura medular, las proyecciones nerviosas se agrupan, formando cordones que ascienden a la corteza, reubicándose debido a un entrecruzamiento, por lo que las proyecciones corticales de la periferia ya no son punto por punto, sino una proyección de fibras que llama representativas, de ahí el nombre de las parálisis de representación para denominar a las parálisis cerebrales.

Por su parte, apunta Freud, las parálisis histéricas simulan a las parálisis orgánicas de representación, nunca a las periféricas de proyección. La primera es una parálisis “de una representación especial, cuya característica debe ser descubierta”.

El término es usado clásicamente en la filosofía y la psicología para designar lo que uno se representa, lo que forma el contenido concreto de un acto de pensamiento y, especialmente, la reproducción de una percepción anterior.

La representación proviene del alemán: vorstellung y es un término clásico de la filosofía alemana.

En ese momento Freud, habiéndoselas con la histeria, se apartará del campo médico y de sus mentores, quienes sostuvieron la tesis de la posible etiología orgánica de la histeria, pensándola como una posible degeneración hereditaria de tipo fisiopatológica. Freud irá más allá del objeto–cuerpo–representación neurológica, hacia lo que definirá como la representación inconsciente–cuerpo–objeto.

Freud, para concluir su trabajo, estableció la hipótesis acerca de la posible etiología de las parálisis histéricas, recurriendo al concepto de “lesión funcional o dinámica” en el sentido de “alteración de una propiedad funcional”. Freud intentó demostrar que es posible la existencia de una alteración funcional sin la lesión orgánica correspondiente, aun “mediando el análisis más delicado”.

Señala, lo que en verdad está alterado en la parálisis histérica no se relaciona en lo absoluto con un conocimiento anatómico ni siquiera relativo al sistema nervioso, sino a la concepción popular de los órganos y del cuerpo en general, y que proviene de la experiencia de nuestras percepciones de naturaleza táctil y visual, por lo tanto, la parálisis histérica será derivada de la alteración de la “concepción (representación) de la idea del órgano afectado”. El mecanismo sería una ruptura de la asociación entre la concepción del órgano afectado y el resto de las ideas que constituyen al yo del cual el cuerpo forma una parte importante. La lesión sería “una abolición de la accesibilidad asociativa de la concepción del órgano”. El mecanismo desencadenante resulta de la asociación afectiva del órgano con un primer objeto, asociación afectiva intensa que lleva a rechazar otra posible asociación con un nuevo objeto, haciéndo inaccesible la asociación con la idea de ese primer objeto.

La parálisis histérica muestra que “el órgano paralizado o la función abolida están envueltos en una asociación subconsciente provista de un gran valor afectivo…”. Entonces, aun cuando la representación del órgano se conserva en el plano material, no es accesible para las asociaciones conscientes porque toda su afinidad asociativa está saturada en una asociación subconsciente con el recuerdo del suceso, del trauma productor del síntoma.

Tiempo más tarde, al publicarse los Estudios sobre la Histeria, en el caso de la señora Emmy von N, Freud recurre a esta misma teoría para explicar un síntoma totalmente ajeno al campo de la neurología, la anorexia.

El gran descentramiento freudiano está en marcha, el cuerpo es ahora objeto de una postura radical que no será más sólo para la mirada, sino para la escucha.

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Volvamos al proyecto:¿Por qué Freud abandonó el proyecto?

En primer lugar, ya estaba construyendo la teoría de la sexualidad, que empieza a plantear en los textos de las neuropsicosis de defensa, problema que resolvió de manera paulatina en el transcurso de los dos años siguientes, a través de su autoanálisis y de la construcción de la teoría sexual infantil. En segundo porque el proyecto no dejó de inscribirse en lo que actualmente denominaríamos una psicofisiología; por ejemplo, cómo Freud maneja el concepto de memoria, necesario para que el aparato pueda elegir de manera adecuada entre diferentes respuestas posibles provenientes del exterior, así como el uso del concepto de retroalimentación, como un medio de corregir los errores que se producen en su relación con el medio ambiente. Y en tercer lugar, porque se dio cuenta de la imposibilidad de seguir avanzando paralelamente a la teoría neuronal, lo que le llevaría, precisamente, a desarrollar la metapsicología.

Freud comprobó que en su proyecto, a través de su aparato neuronal, no podría dar cuenta de lo que en su texto del Yo y el Ello llamó “la única antorcha en la oscuridad de la psicología de las profundidades”, es decir, “la propiedad de ser o no consciente”, es decir: inconsciente.

En su texto “Esquema del Psicoanálisis”, su obra póstuma, afirmó que el punto de partida para la indagación de la estructura del aparato psíquico “lo da el hecho de lo inconsciente, hecho sin parangón, que desafía todo intento de explicitarlo o describirlo”.

La década de los noventa del siglo pasado se llamó la década del cerebro porque las neurociencias aportaron gran cantidad de descubrimientos sobre las funciones cerebrales, el papel de los neurotransmisores permitió comprender muchos de los procesos fisiopatológicos de las enfermedades mentales, también se intentó demostrar las propiedades del inconsciente, a través de los procesos recién descubiertos, algunos, principalmente en el campo de la fisiología neuronal, apuntando al llamado periodo de latencia entre el estímulo y la respuesta, fenómeno que implicaría el proceso inconsciente de elección, sin embargo, todos han sido fallidos. Aun el mismo Freud, que reconoció que en el futuro podría conocerse el funcionamiento químico subyacente a las neurosis, estableció que la relación del sistema inconsciente con el cerebro lo era a la manera de una corteza, como la del cerebro, estableciendo así la relación directa con el exterior, no sólo ambientalmente hablando, sino también exterior al aparato psíquico, por lo cual consideró al mecanismo de la represión uno de sus pilares teóricos fundamentales que le permitió esclarecer la diferencia entre la conciencia neurológica y la conciencia psíquica, siendo ésta última efecto de lo inconsciente.

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Intertextualidades

La intertextualidad entre la psiquiatría y el psicoanálisis es clara actualmente. El desarrollo científico planteó una hiperespecialidad de sus campos, lo que llevó al desarrollo del concepto de interdisciplinariedad, donde una o más ciencias confluyen abordando desde diferentes enfoques el mismo objeto de estudio, lo que da lugar a las intertextualidades.

Freud ya había comentado esta realidad de encontrar las sustancias químicas que algún día pudieran explicar ciertos comportamientos, lo cual no excluye ni vuelve anacrónica su postura teórica respecto del sujeto del inconsciente. No deja de ponderar el papel del sistema nervioso en relación a las estructuras subjetivas, pero al mismo tiempo es certero cuando establece la relación entre el psicoanálisis y la psiquiatría.

Es importante realizar la anamnesis del síntoma, pero no dejarla en la pura interpretación semántica semiológica que permite categorizar el problema o motivo de consulta en un diagnóstico desprovisto de la subjetividad de quien lo padece. Freud reclama a la psiquiatría y a la medicina no escuchar, no prestar atención a lo que tienen que decirles, tanto que se han enajenado de toda posibilidad de encontrar lo valioso de sus decires y con ellas llegar a observaciones en profundidad.

Freud consideraba que en la naturaleza del trabajo del psiquiatra no había nada que pudiera rebelarse contra el abordaje psicoanalítico. Para él, eran los psiquiatras quienes se resistían al psicoanálisis y no la psiquiatría. “El psicoanálisis es a la psiquiatría lo que la histología a la anatomía… Es inconcebible una contradicción entre estas modalidades de estudio, una de las cuales continúa a la otra”.

El desarrollo de la psiquiatría, a partir de la escuela alemana y la francesa, asumió dos concepciones teóricas: la organicista y la funcionalista. La primera prometía encontrar esos procesos fisiopatológicos subyacentes y la segunda, sin desdeñar el trasfondo fisiopatogénico posible, consideraba que era la estructura psíquica la que se desorganizaba hacia un nivel anterior de funcionamiento con la finalidad de reacomodarse ante la enfermedad. Hasta los años cincuenta del siglo pasado, el psicoanálisis fue una herramienta fuerte dentro del quehacer psiquiátrico, sin olvidar el importante desarrollo que tuvo en Norteamérica debido, entre otros factores, a la migración de psiquiatras y psicoanalistas por la II Guerra Mundial. Con el avance de las neurociencias, la psiquiatría americana se fue desligando de su relación con el psicoanálisis, el cual pasó a ser una importante herramienta dentro del marco teórico de la psicología académica y también continuó su relación estrecha con el campo de las ciencias sociales. Con la consecuente importación de conocimientos, América Latina y México se vieron fuertemente influenciados por las nuevas aportaciones psiquiátricas que contribuyeron a un nuevo proceso de marginación de la subjetividad y del inconsciente. Desde esa marginalidad, el psicoanálisis ha mantenido un posicionamiento claro respecto de sus orígenes y sus propuestas teórico-clínicas, lo que le dio un fuerte posicionamiento aun dentro de la psicología académica y la universidad; además que un amplio grupo de psicoanalistas desde diferentes frentes, sin importar a la escuela a la que pertenezcan, se encargan de mantener el estudio y los mecanismos de transmisión, así como los dispositivos clínicos que continúan sosteniendo la dimensión de la subjetividad, la palabra y la escucha como una alternativa frente al organicismo académico, sin embargo, aun así, hay foros de intercambio y participación que continúan sosteniendo una apuesta de intertextualidad que lleva a un entretejido del quehacer de ambas disciplinas en ciertos dispositivos, principalmente de carácter clínico. Queda mucho camino por recorrer, nadie tiene la última palabra, ni toda la verdad se ha dicho y bajo ese tenor la apuesta por el psicoanálisis continua… aun cuando el proyecto sea un imposible, un impasse.