Desde los años ochenta del siglo pasado, Oaxaca se convirtió en ágora de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis (PSI hará alusión a cualquiera de esas tres disciplinas). En los años siguientes llegó a tal grado la cantidad de corrientes o consultorios PSI, que hoy día se puede hablar de un mercado PSI donde encontramos servicios psicoterapéuticos e infinidad de novedosas herramientas necesarias en esas disciplinas.

Si el desarrollo de infraestructura educativa y laboral, de reactivos o servicios en torno a lo PSI, nos posibilita hablar de un comercio PSI en Oaxaca, mencionemos e incluyamos a manera de información la compra/venta de herramientas como los test: Machover, Bender, Dominos, Roschar, Terman Merrill; los libros DSM-I,II,III; los juguetes educativos, los juguetes para la educación especial, etc. Hagamos también mención a la abundancia de escuelas y otras instituciones que ofrecen especialidades en los más variados estudios de la psicología y psicoanálisis, principalmente.

Tal realidad supone la existencia de una pequeña industria psicológica establecida a partir de consultorías, los espacios privados, las instituciones públicas estatales que de paso dan servicio a personas de otros estados aledaños entre ellos Veracruz o Chiapas, si consideramos que la granja Cruz del sur, y sus Anexos, han dado tratamiento a personas de aquellos estados, décadas atrás. Se puede colegir, entonces, que en Oaxaca se recurre a la psiquiatría, a la psicología y al psicoanálisis con la misma naturalidad y prejuicios que en otros estados de la república mexicana.

A tal grado llega el desarrollo de la industria de la terapia en el Valle oaxaqueño que algunos hoteles ofertan viajes o paquetes donde se ofrecen servicios de spa, temazcal, masajes, aromaterapias, yoga, tipos de psicoterapia o asesoría personal, etc. con la promesa de mejorar la calidad de vida del usuario.

Los enseres y servicios PSI que se han desarrollado en Oaxaca a través de décadas hacen suponer una dinámica PSI pública y privada saludable, y llega a ser tan abarcadora que es posible clasificarla en cuatro conjuntos, ámbitos o realidades, al menos. Uno, el campo de lo PSI (psicología, psiquiatría y psicoanálisis); dos, instituciones educativas; tres, insumos especializados; y el campo laboral de los licenciados, es decir, de los profesionales de alguna disciplina PSI.

Esa clasificación permite estimar que el campo de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis oaxaqueño actual es más amplio y conocido que hace 20 años. Recordemos que esa ventajosa situación no se generó por sí sola, de tales cambios se encargaron instancias educativas, clínicas y hospitalarias a través de décadas; por ejemplo, al menos son 30 años desde que la URSE (Universidad Regional del Sureste) comercializa y forma a psicólogos; o los 50 años de la granja Cruz del Sur. Las implicaciones que emanan, sobre todo los logros, devienen en desarrollo en tanto no son acontecimientos aislados o fortuitos y han dado empuje a otros proyectos relacionados (trabajo en los asilos de ancianos municipales, en casas hogar, consultorios movibles en las Jornadas de salud, etc.).

De igual manera, sea por el número de escuelas que ofertan los estudios, la compra-venta de libros y tests, así como la proliferación de actividades y consultorios en diversas clínicas menores del sector salud, privadas o particulares, podemos decir que hoy día hay tantos profesionistas de la salud PSI en Oaxaca como en ningún otro momento de la historia de nuestro estado.

Mas si bien la realidad, nuestra totalidad concreta, muestra un aumento de profesionales PSI, en esta superabundancia una situación crítica emerge y amenaza, incluso ya ha pasado unas facturas, con llevar detrimento al rol del profesional PSI en Oaxaca. Consideremos una de las cuatro clasificaciones, señaladas líneas atrás, para adentrarnos en esta situación crítica a la que estamos haciendo mención, relacionada con el campo laboral de los profesionales PSI en lo inmediato, pero con repercusiones que trascienden hasta la existencia o no de un consultorio en las clínicas de municipios oaxaqueños.

El crecimiento del número de profesionales de la psicología y la oferta de sus servicios se revela epítome de un superlativo con efectos negativos. A poco de revisar tal situación, se entrevé el calvario del Gólgota, en todo caso las consecuencias derivadas de esa realidad o bonanza PSI no concuerdan con lo esperado, pero sin lugar a dudas estigmatizan y obstaculizan el quehacer del psicólogo, psiquiatra o psicoanalista hasta el punto más crítico: la ausencia de pacientes en el consultorio, pasando por la incredulidad hacia la clínica PSI y, en ese sentido, se remarca, imposibilitando la apertura de algún consultorio municipal dependiente de la Secretaría de Salud estatal.

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Los resultados dentro del consultorio PSI han generado un consenso negativo sobre el desempeño del profesional, ubicándolo en esferas súper estigmatizadas y posicionado su desempeño profesional en terrenos bastantes abrumados por los malos, sino no es que pésimos resultados, principalmente en lo correspondiente al trabajo de terapia familiar, de pareja y del adolescente. La incertidumbre sobre el rol social del psicólogo queda en entredicho, su consultorio y técnica psicoterapéutica también. Esto no es mera sospecha, la información es referida a través de centenares de estudiantes que recurrieron a algún servicio psicológico, o reconocen al hermano, hermana, primo o vecino que estuvo en alguna dinámica de este tipo. Los datos son retomados también de dichos o comentarios de padres y madres de familia que asistieron a algún tipo de psicoterapia a pedido de la escuela de sus hijos.

Comportamientos de desconfianza o reparos ante su trabajo son situaciones a las que más se enfrenta o las que más evade un profesional de lo PSI, pero no se escapa ya que lo cotidiano se encarga del reproche a la hora los consultorios vacíos, de las personas poco convencidas del trabajo que se realiza en el consultorio. Y es que, a pesar de algunos logros, después de un tiempo de acudir a la cita, los pacientes no tienen la sensación de bienestar, echándole por supuesto la responsabilidad al desempeño del profesional PSI.

Vemos ya los puntos críticos a los que se enfrenta un profesional de la salud PSI en la atmósfera oaxaqueña que se ofrece preparada para tal fin. La cuestión se vuelve más purulenta al contrastar los servicios PSI privados, el cruce de los números y datos no cuadran. Y es que se piensa que la clínica PSI dentro de un consultorio privado habría de ser más efectiva que la practicada en la institución pública, sin embargo, los datos reales en este rubro tampoco son alentadores.

Para este momento las situaciones de bonanza psicológica enlistadas en párrafos anteriores toman un sentido de catástrofe, o cuando menos poco esperanzadora, en tanto ni el sector público o privado pueden satisfacer la demanda real de los pacientes. Si bien la incredulidad es un aspecto que ha acompañado al fenómeno PSI durante toda su historia, desde el hombre pre-lógico hasta nuestros días, lo que acontece actualmente sobresale por su gravedad, en vez de incrementarse las consultas PSI –estamos tratando de la actividad profesional–, éstas van en descenso.

Lo Real del psicólogo, y lo Real de cada uno de nosotros, es imposible eludirlo, en nuestro ejemplo podemos representar esa imposibilidad a partir de una pregunta que además ilustra la feroz realidad PSI, decimos feroz en tanto hay un número importante de psicólogos subempleados no por decisión, sino por falta de recursos públicos, privados o de diversa índole, pero siempre por algo ajeno a su voluntad de empleo. La cuestión nos conduce a implicaciones metodológicas y escolares, la respuesta depende más de la dinámica, o ética, profesional que de lo personal. Independientemente del tipo de institución, pública o privada, en donde se formó el profesional, la pregunta persiste: ¿Los resultados de las visitas al psicólogo son los que el usuario esperaba?, de la cual se puede desprender: ¿tenemos clientes satisfechos?

Los hechos nos dicen otras cosas, los procesos o resultados de las visitas al profesional PSI no son compatibles ni alentadores como se pensaría por las situaciones propuestas párrafos arriba. En el mundillo PSI aumentó el número de consultorios y los precios de acceso, pero no los buenos o alentadores resultados. La gente percibe que no hay más relaciones de mayor calidad, los divorcios no se han neutralizado o aminorado sus efectos patógenos, los adolescentes escolares y sus familias no mejoran sus relaciones ni su rendimiento escolar. Esto no sólo es exclusivo de las clínicas o consultorios públicos, subvencionados por el Estado, lo mismo ocurre en la clínica o consultorio particular.

Centrémonos en la actividad PSI que se ofrece en algunas instituciones de salud pública como las clínicas integrales de origen estatal las cuales, finalmente, son receptáculo del puñado de psicólogos que emanan año con año de las distintas instancias de educación estatal o privada, por lo que el desempeño de los pasantes no sólo es de relleno o de mero entrenamiento.

Como pasante de la licenciatura el futuro profesional de lo PSI tiene ya la posibilidad de incidir directamente en la dinámica social determinada en la que fue insertado, en todo caso los pasantes posibilitan o imposibilitan, con el tratamiento psicológico que ellos proponen, determinadas conductas o emociones en la comunidad donde desarrollan su pasantía.

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Y es que la oferta PSI pública o privada, principalmente la que se ofrece bajo el resguardo de la Secretaría de Salud, no está sujeta a lineamiento alguno, para bien y para mal, por lo que en esa instancia de salud es posible que se practiquen las más variadas fórmulas contra los malestares contemporáneos como psicólogos hay; los cuales a su vez realizan sus actividades sin mayor sistematización, sin sentar un precedente de tal importancia que haga ver la necesidad de un consultorio psicológico (PSI) en tal o cual comunidad, quedando a la deriva los logros o imaginarios no consolidados por la deficiente labor.

El incremento de la matrícula de profesionales PSI, así como el mejoramiento de la infraestructura o de las herramientas que éste utiliza no son garantía ni preámbulo de un mejor desempeño profesional o una mejor clínica.

En México no existe una cultura del psicólogo (¿en dónde sí existe?) lo cual resulta más cuestión de estatus o cosmética, como ponerse brackets o pasar por algún cirujano plástico, que los deseos de ser una persona más satisfecha, feliz, equilibrada o lo que cada quien espere de la visita que haga a un profesional de la psicología o la psiquiatría.