De acuerdo a diversos estudios, la lumbalgia es una de las causas más frecuentes de consulta médica. De acuerdo a diversas investigaciones, hasta el 85 por ciento (11-85 por ciento) de la población ha sufrido o sufrirá un cuadro doloroso lumbar en alguna etapa de su vida; del 15 al 36 por ciento evolucionará a un cuadro doloroso crónico. Cifras de estudios realizados en nuestro país señalan que hasta siete millones de personas cursan con lumbalgia crónica. De estos, menos de la mitad requerirá un tratamiento invasivo. Este cuadro es además una de las mayores causas de ausentismo laboral en México, lo que tiene un impacto en el desarrollo socioeconómico del país.

En México la lumbalgia genera hasta 23.4 millones de días de incapacidad anual, tomando en cuenta el promedio de 12 días de incapacidad por cada trabajador (aproximadamente 84 por ciento de incapacidades de IMSS e ISSSTE). Esto genera en el paciente en edad productiva una disminución de su actividad laboral, y da como resultado un menor poder adquisitivo por la reducción en sus ingresos monetarios laborales. Esta baja del ingreso familiar genera emociones negativas en el paciente con lumbalgia.

Una de las vertientes del estudio de la patología se enfoca en las repercusiones que tiene la lumbalgia en estados emocionales negativos, ya que las emociones configuran una de las dimensiones del espectro del dolor. El componente afectivo del dolor crónico incorpora toda una gama de emociones eminentemente negativas como depresión, ansiedad e ira, relacionándolas con la génesis, mantenimiento y exacerbación del dolor. Varios estudios transversales indican asociación entre factores psicológicos y la aparición de lumbalgia; estos incluyen ansiedad, depresión, síntomas de somatización, insatisfacción laboral, estrés mental en el trabajo, imagen corporal negativa y debilidad en el funcionamiento del ego.

Dependiendo del modelo de estudio, la depresión puede ser el origen o factor de riesgo de la presentación de dolor crónico, puede ser el resultado del mismo o, según modelos más recientes, ambos entes coexisten al compartir un sustrato biológico, bioquímico, genético y de vías de transmisión.

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En cuanto a la ansiedad y sus relaciones con el dolor, destaca la elevada presencia de síntomas de ansiedad entre pacientes con dolor agudo y crónico, ya que a mayores niveles de ansiedad mayor es la percepción de dolor; sumado a la evidente persistencia de aumento de contracción muscular, que por sí misma genera dolor. La ira es considerada como la reacción al dolor, lo que tendría consecuencias negativas en los hábitos de salud y estilo de vida de los pacientes. Se considera que estos pacientes tienen mayor probabilidad de desarrollar actitudes y un estilo de vida desadaptativo, caracterizado por excesos o déficits comportamentales que comprometen su bienestar y son los responsables de muchos problemas de salud adicionales.

De esta forma, los resultados obtenidos por diversos estudios revelan que el grupo de pacientes con lumbalgia crónica presenta emociones negativas (depresión, ansiedad e ira) muy superiores a individuos que no padecen estos cuadros de dolor crónico.

Además, ciertos estudios demuestran que algunos síntomas que indican distrés psicológico predicen la aparición de episodios dolorosos lumbares en personas que no los habían tenido previamente. En cuanto al género, las mujeres con lumbalgia son las que presentan mayores niveles de disforia o emociones negativas frente a los varones, de forma significativa en depresión y significativa o próxima a la significación en ansiedad. Respecto a la ira, estas diferencias resultan significativas únicamente en la propensión general de las mujeres para experimentar y expresar ira sin provocación.

Así como se indica un tratamiento médico (analgésicos, terapia física, rehabilitación, infiltraciones, etc) individualizado para cada paciente, dependiendo de las características personales (tipo, origen y causa del dolor), el psicólogo individualizará el apoyo emocional que requiera cada persona, lo cual será un coadyuvante esencial en el manejo del dolor lumbar crónico de difícil control.

Finalmente, concluimos por todo lo anterior descrito que resulta de especial relevancia la inclusión en los programas de tratamiento el apoyo psicológico de los pacientes con lumbalgia crónica, para aspectos de manejo y control de emociones negativas.