La gestalt es, sin duda, uno de los enfoques psicoterapéuticos más malentendidos y manoseados, cuya traducción y mala interpretación se ha convertido en guarida de irresponsables, charlatanes y terapeutas light que no sólo la han desprestigiado, sino que han limitado a otros la posibilidad de conocer realmente la riqueza filosófica, existencial y psicoterapéutica de este enfoque, al promover en las personas experiencias desagradables, incompletas o al modelar conductas incongruentes y contradictorias, resguardados bajo un aquí y ahora profundamente hedonista, egocéntrico e irresponsable que dista mucho de lo que realmente promueve la verdadera gestalt.

Desde hace varios años mi lucha personal se ha enfocado a la promoción de una gestalt respetuosa, existencial, fenomenológica, vivencial y clínica que permita rescatar toda la profundidad y calidad no sólo integradora, sino preventiva que brinda.

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Considero que en la actualidad es de vital importancia el retorno a nuestra fuente; el rescatarnos de la garra de aquellos psicoterapeutas que más que enseñarnos a restablecer el contacto con nosotros mismos y conectarnos con nuestra sabiduría interna, nos dicen cómo vivir la vida y nos dictaminan e interpretan de acuerdo a sus propias carencias y limitaciones, desplazando la dependencia del ambiente a la dependencia de la terapia, logrando así un empobrecimiento de la existencia del paciente y una pérdida de su identidad que bajo ninguna óptica puede considerarse como un proceso de sanación.

El proceso psicoterapéutico es un proceso de liberación interna y de rescate de potencialidades al servicio de la individualidad e independencia del paciente; ésta es la gestalt que me interesa promover: una gestalt que le permita al paciente caminar por su propio sendero parado en sus pies, no en los del psicoterapeuta; que permita un acercamiento humano real sin llegar a contactos melosos, falsos y perjudiciales para la relación psicoterapéutica; que rescate el valor del diagnóstico clínico y psicopatológico, no como una etiqueta, sino comprendido desde una fenomenología que nos permita adentrarnos en el mundo del otro para desde ahí encontrarnos con él, que sea capaz de trabajar con confrontaciones respetuosas y compasivas, que si bien frustran al paciente, jamás atentan contra su dignidad, ni contra su individualidad; que promueva la integración y el rescate de potencialidades tomando en cuenta el momento evolutivo de cada persona, sin expectativas, ni exigencias sobre su desempeño.

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Hay una diferencia fundamental entre alianza terapéutica y profundidad relacional. La verdadera gestalt promueve la profundidad relacional desde un encuentro mutuo en un espacio en donde el único experto sobre sí mismo es el consultante.

Difiero de una visión dividida de la gestalt porque pretender dividirla paradójicamente es lo más antigestáltico que existe. La verdadera gestalt es al mismo tiempo relacional, dialogal, intrapsíquica, transpersonal, cognitiva y corporal. Es un todo que promueve la presencia (del latín “prae-esse” que significa “estar plenamente ahí”) para promover un encuentro real que posibilite el potencial transformador presente en cada sesión. La misma importancia tiene la silla vacía, que el uso de la relación paciente-psicoterapeuta como medio para ampliar la conciencia y trabajar con la figura que emerja del fondo, en el campo co-creado por el encuentro.

Como lo repito con frecuencia a mis alumnos y en diferentes foros: la gestalt no implica cerrar ojos, hablarle a una silla vacía o pegarle a un cojín para que el paciente descargue su enojo; no tiene que haber llanto, teatro, ni drama, ni se debe buscar que el paciente salga contento y apapachado, y sí con mayor conciencia de sí mismo.

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El uso de las herramientas y técnicas que nos brinda el enfoque son sólo alternativas para lograr el objetivo principal: que el paciente se encuentre a sí mismo. No que el psicoterapeuta lo encuentre, le diga cómo y dónde está y lo que tiene que hacer.

El rol del psicoterapeuta gestalt es estar, acompañar y ser capaz de percibir las autointerrupciones para desde ahí acompañar al otro con una actitud profundamente compasiva que transmita la aceptación incondicional que el paciente no ha encontrado en otro lado. Esto es ya en sí sanador y lo más gestáltico posible. En más de 25 años de ser psicoterapeuta gestalt, he tenido sesiones gestálticas sin llanto, sin sillas vacías, sin fantasías dirigidas, sin trabajo de asuntos inconclusos y sí profundamente sanadoras al encontrarme con el otro en un espacio en donde no existen juicios, ni interpretaciones, porque todo es como es. Es con base en la fenomenología y a las necesidades emergentes del paciente que se establece la estrategia de intervención que se irá actualizando a lo largo de la sesión, en función de lo que vaya emergiendo dentro del campo. Éste es el verdadero trabajo centrado en el aquí y el ahora.

Lo que libera al paciente de sus juegos de autotortura es la ampliación de conciencia; el darse cuenta de qué, cómo y para qué está manteniendo una actitud, llevando a cabo una conducta o escudándose detrás de un síntoma. Es justo ahí donde comienza el proceso integrativo porque no hay interpretaciones, ni teorías, ni tregua para el paciente que decide empezar un proceso psicoterapéutico dentro de esta forma de hacer gestalt. Es él frente a sí mismo y a su historia, no hay un psicoterapeuta a quién echarle la culpa o agradecerle porque nadie está asumiendo la responsabilidad por él, y una vez empezado el proceso del propio parto no puede detenerse o involucionar, sigue avanzando aun a pesar del propio paciente. Como repito con mucha frecuencia: después de un darse cuenta, ya nada es igual.

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La gestalt está fuertemente influida por el existencialismo de Kierkegaard, por la fenomenología de Franz Brentano y Edmund Husserl, por el análisis existencial de Ludwig Binswanger, de Martín Heidegger y de Sartre, por el trabajo de W. Reich, por el taoismo y el zen; además de tener como base experimental a la psicología humanista. Fritz Perls aseveraba que la meta de la terapia gestalt es “convertir a personas de cartón en personas reales”, independientemente del indudable matiz narcisista y hedonista que acompañó a Perls a lo largo de su vida, resume en una frase todo el postulado filosófico que sustenta a la gestalt: abandonar los roles, integrar la personalidad para rescatar el poder personal desde una individualidad que promueva ajustes creativos dentro de su entorno. Cómo logremos eso, dependerá del estilo personal de cada psicoterapeuta y de lo sólido de su formación. No todo lo que lleva apellido gestáltico es realmente gestalt y no culpo a quienes en base a experiencias desagradables generalicen creyendo saber lo que es gestalt. Resumiendo:

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Para terminar reafirmo que no estoy casada con la gestalt, sino enamorada de ella, de su magia y de lo que el encuentro con el otro puede generar dentro de este enfoque. Eso no quiere decir que devalúe otros enfoques, considero que cada propuesta puede ser útil con determinados pacientes o en determinados casos, y desde ahí le doy la bienvenida a cualquier propuesta psicoterapéutica, aclarando simplemente que cualquier postura impositiva, crítica, interpretativa, invasiva e irrespetuosa no es psicoterapia, porque jamás promoveremos la sanación de la psique con las mismas actitudes que dañaron a la persona que viene a buscar en nuestro acompañamiento la posibilidad de reescribir su historia.

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