El comportamiento adictivo consiste en la dependencia de sustancias que impactan al sistema nervioso central y las funciones cerebrales, provocando cambios significativos en el comportamiento, la percepción, el juicio y las emociones. Los efectos de las drogas son múltiples, de acuerdo al tipo de droga y la cantidad o frecuencia con la que se consume.

Cuando las personas han desarrollado una dependencia al consumo de drogas presentan problemas para abstenerse. La teoría del aprendizaje social nos explica que el consumo de drogas comienza como una decisión voluntaria con el propósito de disminuir el malestar emocional o experimentar un placer intenso. Una vez que la persona ha desarrollado una adicción presenta dificultades para controlar su consumo.

La mayoría de las personas que consumen drogas inician por imitación de sus pares o modelos. El proceso de imitación inicia por dos procesos: la observación y el desempeño. En un principio, el sujeto almacena la información y configura un mapa cognitivo. En cuanto al principio del desempeño, la eficiencia del desempeño se encuentra determinada en gran medida por las expectativas de refuerzo de la nueva conducta.

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En el génesis de las conductas adictivas, el modelamiento juega un papel fundamental en la transmisión de actitudes proclives al consumo de drogas y también en la construcción de formas de evitación de experiencias emocionales que resultan amenazantes para la persona. En la sociedad contemporánea las personas se están esclavizando al consumo de drogas y otros hábitos compulsivos. Estos hábitos enajenantes que se viven en la actualidad afectan los procesos espirituales, relacionales y los vínculos afectivos. La sociedad global condena a las personas a vivir una vida llena de presiones que promueven la enajenación, el individualismo y la competencia. Este estilo de vida genera el fenómeno conocido como dislocación social. A través de este proceso la gente se adapta a las condiciones buscando crear distractores emocionales que mitiguen un poco un malestar y la falta de sentido de vida. La sociedad contemporánea se ha especializado en la creación de sustitutos de la satisfacción y vinculación afectiva por acciones centradas en el hedonismo y el placer inmediato.

La desconexión emocional que se configura a partir de las relaciones sociales propuestas por el sistema social capitalista es una de las claves para el desarrollo de una adicción. El Dr. Bruce Alexander aporta interesantes reflexiones sobre este fenómeno y nos dice lo siguiente: “la adicción ha sido siempre parte del drama de la existencia social humana, mucho antes de que se redujera a un pecado, una enfermedad cerebral, o un problema de drogas y alcohol por parte de los médicos y moralistas del siglo XIX” (Alexander, 2016).

El comportamiento adictivo es un patrón que contiene múltiples elementos que interactúan de manera compleja y progresiva e incluye aspectos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales. El fenómeno de dislocación se relaciona con la adicción debido a que produce un patrón comportamental de evasión afectiva y excesivo involucramiento por parte de la persona hacia el consumo abusivo de drogas y una escasa habilidad para controlarlo, a pesar de las consecuencias negativas que enfrenta la persona y la familia. Las adicciones han sido un fenómeno que ha modificado radicalmente a la sociedad, trayendo consigo un cambio importante en el estilo de vida y en las relaciones interpersonales que se establecen en los grupos sociales. La sociedad atraviesa una crisis de valores y costumbres con base en el fuerte impacto que están teniendo las adicciones en las personas adictas, en sus contextos familiares y comunitarios.

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La propuesta de trabajo con adicciones desde un enfoque gestalt permite hacer un giro de la visión tradicional que describe a la adicción como una enfermedad cerebral crónica tendiente a la recaída, que se caracteriza por una fuerte predisposición genética, así como la exposición a factores de riesgo. Esta propuesta es académicamente solida pero no permite comprender la complejidad que envuelve el fenómeno adictivo.

Desde mi propuesta con enfoque gestalt la adicción es vista como un proceso intrapsíquico pero principalmente relacional, donde la persona limita sus modos de relación o procesos de frontera, creando así pautas repetitivas y estereotipadas que imposibilitan un contacto satisfactorio. Esto produce un estado de frontera inflexible que lleva a la persona a permanecer en estados de confluencia o aislamiento, enajenandola de sus necesidades hasta el punto en que la única relación que mantiene la persona con adicción es con la droga y los compañeros de consumo.

Esta propuesta se consolida con las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad Simon Fraser que ha realizado el Dr. Alexander en el laboratorio de ratas, donde encontró algunos hallazgos que identificaban al comportamiento adictivo como una manifestación de un proceso de dislocación social; esto se explica porque las ratas que desarrollaban adicción se mantenían aisladas y no tenían otras cosas que hacer además de consumir drogas. Por eso se construyó el parque Rat Park, donde las ratas tuvieron otros estímulos como diversión, comida, túneles y otras ratas con quien convivir.

Al estar expuestas a una socialización nutricia las ratas no se vieron afectadas severamente por el agua con droga y sobrevivieron a diferencia de las ratas que se encontraban aisladas. Algo semejante a lo que sucedió con ratas aconteció con los soldados que asistieron a la Guerra de Vietnam. De acuerdo con la revista Time, aproximadamente el veinte por ciento de esta población desarrolló un comportamiento adictivo; no obstante, al regresar a casa, el noventa y cinco por ciento de estas personas dejó las drogas y pocos fueron los que recibieron un tratamiento profesional.

Tomando como referencia esta visión de la adicción, la psicoterapia gestalt es un modelo teórico que permite comprender cómo sucede el proceso de contacto interpersonal, como una posibilidad de disminuir los efectos de la dislocación social. Cuando hablamos de contacto, los fundadores de la psicoterapia gestalt mencionan lo siguiente: “Contacto es consciencia inmediata y comportamiento hacia la novedad asimilable y también el rechazo hacia la novedad no asimilable” (Perls, .Heferline, Goodman, 2002, pág. 9). La psicoterapia gestalt nos brinda la posibilidad de comprender el fenómeno adictivo como un proceso donde la persona evita el contacto organísmico con el ambiente por considerar amenazante la experiencia emocional y por este motivo se aísla de los procesos relacionales, estableciendo un fuerte vínculo con la sustancia que le permite evitar el contacto con el entorno.

La persona tiene distintas formas de relacionarse con su entorno para movilizar su energía hacia la interacción. Cuando la persona se siente confiada y segura es capaz de establecer un contacto pleno con las experiencias que van surgiendo en sus interacciones. Pero cuando la persona experimenta amenaza emocional surgen formas de relación que le permiten evitar contactar con esas experiencias. En el caso del comportamiento adictivo la persona percibe un entorno o una relación amenazante, desarrollando así un modo de relación evitativo que se mantiene a través del aislamiento de las relaciones emocionalmente significativas y la búsqueda de placer inmediato a través del consumo continuo de la sustancia. La evitación del contacto con el ambiente desarrolla un proceso estereotipado que genera un estado de frontera igualmente rígido que provoca pautas repetitivas que impiden a la persona vivir de manera satisfactoria y de acuerdo a sus necesidades. En el caso de las personas con adicciones existe una progresión paulatina de estos modos de relación evitativos, y de esta manera la droga se convierte en un soporte integral para la persona (físicamente, emocionalmente y socialmente), a pesar de las consecuencias negativas que le provoca.

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Los modos de relación estereotipados y el consumo de drogas desarrollan un proceso de infirmidad. “Utilizamos el concepto neologismo infirmidad para referirse a los modos inadecuados de vivir como persona, esto es, a las formas de no vivir con firmeza en tanto que persona” (Domínguez, 2011, p. 271). El comportamiento adictivo se convierte en patológico cuando se conforma como un hábito evitativo que produce aislamiento permanente y no permite la flexibilización hacia las necesidades emocionales. Es entonces cuando el comportamiento adictivo se convierte en una infirmidad y produce enfermedad en la persona. La infirmidad surge cuando la persona busca controlar sus estados emocionales y los factores ambientales a partir del consumo compulsivo de drogas, trayendo consigo el desarrollo de comportamientos y pensamientos tendientes hacia el mantenimiento del hábito de consumo, dejando de lado los vínculos afectivos, teniendo como principal fuente de estímulo y placer el consumo de drogas. La adicción se mantiene por el deseo de la persona por evadir sus miedos, debilidades, culpas, vergüenzas, necesidades y sentimientos por considerarlos inapropiados.

Las causas por las cuales las personas se habitúan al consumo de drogas de acuerdo a la visión de la psicoterapia gestalt son: Experiencias obsoletas como sustento de vida, introyectos que afecta el autoconcepto de la persona, asuntos inconclusos o experiencias traumáticas en relaciones emocionalmente significativas, un profundo sentimiento de vergüenza, pérdida del sentido de vida, desconexión emocional y pérdida de valores.

El consumo de drogas, desde enfoque de la psicoterapia gestalt, consiste en un proceso continuo que va desde el consumo experimental, consumo recurrente, abuso, hasta desarrollar una dependencia. La persona desarrolla el hábito de consumir drogas de manera estática hasta el punto de poner sus necesidades en el fondo y convertir la droga en la figura de su vida. Conforme la persona desarrolla una dependencia se van fortaleciendo los procesos de fronteras que configuran una infirmidad; a la par de esto, el resto de las experiencias relacionales se vuelven secundarias o irrelevantes.

La persona cae en una profunda desconexión que le impide tener conciencia de la experiencia aquí y ahora. Cuando esto sucede la persona se vuelve incapaz de satisfacer sus necesidades y solucionar sus problemas. La droga es la figura constante que vive la persona con problemas de adicción, en esta experiencia no se puede concluir de manera satisfactoria y se crea una patrón repetitivo y compulsivo que provoca un estado patológico.

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La propuesta de trabajo gestáltico con adicciones se enfoca en promover la reactivación de la conciencia organísmica en el cliente con el fin de reestablecer el contacto emocional y flexibilizar los proceso de frontera o modos de relación de la persona. El terapeuta gestalt se enfoca en frustrar los intentos de evadir el contacto emocional de la persona e invitar a la persona a tomar el riesgo de establecer contacto con sus emociones y necesidades para desarrollar su potencial, para pasar del apoyo del externo al autoapoyo. Cuando hablamos de autoapoyo hacemos referencia a la capacidad que tiene la persona de reconocer sus necesidades y satisfacerlas. Esta búsqueda implica un riesgo emocional para la persona, donde se procura superar los miedos irracionales que han mantenido la adicción.

El comportamiento adictivo se desarrolla con base en un complejo proceso de desconexión emocional y social que es conocido como dislocación. Por otra parte, la instauración de una adicción produce procesos relacionales estereotipados que impiden a la persona tener una vida satisfactoria y lo condenan a un estado de infirmidad.

La base de la recuperación es el restablecimiento de la conciencia organísmica y los procesos de contacto en la persona. Tomando como referencia los fundamentos teóricos de la psicoterapia gestalt, podemos citar lo siguiente: “El contacto es la actividad que tiene como resultado la asimilación y el crecimiento, y consiste en la formación de una figura de interés que destaca contra un fondo o contexto del campo organismo/entorno” (Perls, .Hefferline, Goodman, 2002, pp, 11). El contacto es la posibilidad que tiene la persona de lograr conexión, autenticidad y satisfacción en su vida cotidiana.

Además la psicoterapia gestalt nos propone lo siguiente: “El contacto es el descubrimiento y la construcción de la solución futura” (Perls, .Hefderline, Goodman, 2002, pp. 14). El psicoterapeuta acompaña a la persona en su proceso del darse cuenta, se promueve el apoyo para que la persona sea capaz de darse cuenta, estar en la vivencia presente, identificar sus emociones y necesidades para la solución de conflictos personales. Como resultado se amplía el autoconcepto y la responsabilidad sobre las propias decisiones, pensamientos y sentimientos.

El objetivo principal es permitir que la persona con adicción incremente su capacidad de estar presente en la experiencia y atender a sus necesidades. Así mismo, la persona desarrolla un estilo de vida genuino alejado de los patrones evitativos que lo llevaron al consumo de drogas. Para lograr esto, el psicoterapeuta requiere crear una relación nutricia que le permita identificar procesos cognitivos, afectivos y problemáticos que surgen de la experiencia presente.

El psicoterapeuta ayuda al cliente a percibir de forma más clara las situaciones, desarrollando con esto el proceso de darse cuenta y conductas más flexibles y espontáneas que atienden a las vivencias presentes. Cuando la empatía está presente en la relación de ayuda, el cliente se siente incluido, comprendido y cuidado por el terapeuta. Esto ayuda a la persona a desarrollar mayor capacidad de insight y satisfacción emocional. Los cambios emocionales que se viven en la relación psicoterapéutica ayudan a que la persona asuma el riesgo de tener mayor conexión emocional en sus relaciones cotidianas más allá del consultorio. La propuesta gestáltica es un aporte de esperanza a la difícil situación que viven millones de personas alrededor del mundo. Este es un modelo emergente para la atención del comportamiento adictivo, no pretende ser la panacea en el proceso de rehabilitación de las adicciones, sino una aportación a las intervención multidisciplinarias centradas en el apoyo a la problemática adictiva.