La homosexualidad no es bien tolerada todavía para un sector muy amplio de la población principalmente conservadora. A pesar de los avances en el reconocimiento de mujeres y hombres homosexuales, existen familias que no pueden aceptar tener un hijo o una hija homosexual. Por otra parte, parejas homosexuales encuentran un serio rechazo para ingresar a colegios a sus hijos adoptivos. En los colegios no se toca el tema para evitar conflictos. Porfiar en la aceptación de un mundo diverso ha generado una crisis social.

La homosexualidad nos obliga a reconstruir planteamientos psicológicos, sociológicos, científicos, religiosos, legales, etcétera, los cuales cuestionan, entre otras cosas, los modelos convencionales de entender la sexualidad, las relaciones de pareja y la familia.

Los homosexuales son hombres y mujeres de todas las razas, credos o religiones, en todos los países, como señala Marina Castañeda (Castañeda,1999), son una comunidad en todo el mundo. En la historia, el comienzo al ostracismo inició bajo el escrutinio de la Iglesia Católica como autoridad para castigar actos homosexuales. Es la iglesia católica quien más los ha condenado y donde se han conocido denuncias hacia sacerdotes pederastas con niños o jóvenes. En términos psicoanalíticos, se podría decir que la represión fallida de los deseos homosexuales en los sacerdotes ha provocado los actos más impíos con la pederastia.

Posteriormente los Estados tomaron el relevo de la Iglesia en lo que se refiere a reglamentación, juicio y penalización de la conducta homosexual. La homosexualidad sigue castigándose con la muerte, el exilio o la castración todavía en algunos países.

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Los estudios de Alfred Kinsey en los años cincuenta, al reflejar altos porcentajes en la población heterosexual adulta con experiencias homosexuales, fueron determinantes para que la Organización Mundial de la Salud eliminara del Manual de Psiquiatría a la Homosexualidad como enfermedad, en 1973. Sin embargo, la discriminación hacia los homosexuales recrudeció con la crisis del sida en los años ochenta. Durante los primeros años, la enfermedad fue etiquetada como “gravedad gay”, que afectaba únicamente a homosexuales. Al ser descubiertos infectados del virus, gran porcentaje de ellos perdieron sus trabajos, dejaron de contar con sus familias y enfrentaron dificultades para contar con hospitales o servicios sociales. Frente a este abandono familiar y social, comenzaron a formarse grupos de apoyo, redes de información, órganos de comunicación, agrupamientos políticos, cooperativas y clínicas que sentaron las bases de apoyo en la actual comunidad gay en muchos países.

Los homosexuales aprendieron a vivir en cautela para no mostrarse y hoy, pese a una supuesta apertura, no dejan de azorar a la sociedad. Se piensa que ser homosexual es una elección deliberada, una decisión voluntaria como lo refiere el término “preferencia sexual”. Esta argucia considera el libre albedrío en decidir hacia qué sexo nos sentimos atraídos. La homosexualidad, al igual que la heterosexualidad, es una orientación sexual. Por orientación sexual se entiende la atracción afectiva como física y sexual por un determinado sexo. Hasta hoy se reconocen tres orientaciones sexuales: la heterosexualidad (atracción hacia personas de distinto sexo), la homosexualidad (atracción hacia personas del mismo sexo) y la bisexualidad (atracción hacia hombres y mujeres). Ésta última viene a complicar el panorama, ya que hasta hace poco tiempo a los bisexuales se les consideraba homosexuales reprimidos, además son sometidos a diversos cuestionamientos por parte de heterosexuales y homosexuales. La orientación sexual, así como no se elige, tampoco se aprende. Los sexólogos actuales coinciden en sostener que la atracción sexual es tan compleja que no puede ser determinada solamente por los genes. Se sabe que la atracción no se puede entender sólo en su dimensión biológica. Sería como reducir la experiencia sexual a un mero instinto de reproducción. Los seres humanos nos relacionamos con motivaciones muy diferentes que no tienen que ver con la reproducción, en palabras de Bruce Bagemihl: “el mundo es incorregiblemente plural”.

Vivimos una auténtica revolución sexual. Dentro de por lo menos tres generaciones el mundo evolucionará claramente hacia un modelo único en el que predominará la bisexualidad afirmó, levantando revuelo, el oncólogo Umberto Veronesi, uno de los más reconocidos científicos en Europa. Especialista en cáncer, candidato al premio Nobel, expresó que se atenúan las diferencias entre hombres y mujeres. El sexo seguirá siendo una realidad pero como gesto de afecto y no como vía a la reproducción. No será ya importante si elegimos hacerlo con una persona del mismo sexo o no. El resultado será una creciente realidad de “modelo único bisexual”. La educación en sexualidad, incluyendo la diversidad sexual, ya es un imperativo, una necesidad urgente en las escuelas desde la primaria. Continuar viviendo con estigmas o creencias arcaicas afecta a la sociedad como un sistema: hijos, padres, amigos, personas que se descubren con temor en una orientación sexual distinta. Las consecuencias de una falta de educación sexual sobre el tema no ha dejado de ser devastadora. No existe una investigación en México que considere a la población juvenil: separada, rechazada o distanciada de su familia por motivos de orientación sexual, así cómo tampoco se conocen las consecuencias emocionales y psicológicas de haber atravesado la experiencia de reconocerse homosexual.

En los países donde no se termina de aceptar el matrimonio homosexual como México, lo que también preocupa a la sociedad de forma muy controversial es que las parejas homosexuales puedan procrear, adoptar o criar niños, lo cual sucede de facto.

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En octubre de 2015 se presentó el libro Familias homoparentales en México: mitos, realidades y vida cotidiana, el cual da a conocer cómo viven los hogares mexicanos compuestos por dos papás o dos mamás, con hijos e hijas ya sean biológicos, adoptados o concebidos mediante técnicas de reproducción asistida. A pesar de que cada día la comunidad homosexual se abre ante la sociedad para desmitificar su forma de vida, continúa el rechazo y la falta de aceptación de sus derechos. Es necesario cambiar el enfoque que se ha dado, y tratarlo sobre bases científicas. Los homosexuales no son victimas de un determinismo biológico, ni es una anormalidad patológica ser homosexual, tampoco es una “preferencia”. Ningún homosexual hubiera decidido serlo si hubiera tenido la posibilidad de elegir. ¿Quién habría querido pertenecer a una minoría tan discriminada a la largo de la historia como la homosexual?

Es crucial comenzar a comprender la naturaleza humana en sus diferencias y entenderla así: Existen distintas orientaciones sexuales y las causas para ser heterosexual, homosexual o bisexual varían en cada persona y son distintos factores los que lo determinan. En palabras de Marina Castañeda ( Castañeda,1999), “aunque se ha pretendido que la homosexualidad tenga una sola razón, una forma y una teoría, cada vez aparece con más claridad que tiene mil formas, mil causas, y que difícilmente puede comprenderse a partir de una sola teoría”.