En 1974 Emilio Granzzoto entrevista a Lacan y, a pregunta expresa, si Freud está obsoleto, el analista francés responde contundente: “¿Cómo puede decirse que está obsoleto si aún no lo hemos entendido a cabalidad?” (entrevista inédita).

Han pasado cuarenta y un años de esa entrevista y cien de la publicación de Los trabajos de metapsicología, y tanto una como el otro siguen siendo actuales. La pregunta que se hace Freud: ¿Por qué la guerra? Tiene aún muchas aristas, pero Freud hizo algunos hallazgos a partir del corpus teórico del psicoanálisis. Freud no estuvo omiso, en especial en los textos en que se ocupa de la cultura y los fenómenos sociales. También su modelo de psiquismo da entrada a la cultura en su concepción de superyo-ideal del yo. Estableció un nexo entre los fenómenos de masas y los conceptos psicoanalíticos de Edipo, castración y pulsión. Se podría decir que Freud fue hacia los fenómenos de masas desde sus hallazgos clínico-teóricos y no al revés; es decir, no parece haberse interrogado cómo los fenómenos sociales participaban en los funcionamientos psíquicos. Podría haber sido un desafío demasiado grande para una ciencia que nacía y necesitaba delimitar su campo y su objeto. Pero no es la situación actual. Explicar fenómenos sociales o grupales con el sólo recurso al Edipo, la castración y parricidio, pulsión, no sólo parece dogmático e inocente, sino que puede desembocar en asignaciones y denegaciones que inventan un fenómeno a la vez, que lo sitúan fuera de toda posibilidad de cambio.

¿Qué estaba escribiendo Freud antes, durante y después de la Primera Guerra? Fue el período de los "Escritos de Metapsicología", precedido por su "Introducción del Narcisismo". Produce casi junto con "De guerra y de muerte. Un tema de actualidad", "Lo Inconsciente", "La Represión", “Pulsiones y destinos de pulsión” y "Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños". Pero dentro de esta serie de escritos metapsicológicos hay un trabajo cuya idea, de acuerdo a lo que aparece en la nota introductoria de James Strachey, fue comunicada a Ernest Jones en enero de 1914, unos meses antes de que estallara la guerra (28 de julio), luego fue expuesta en la Sociedad Psicoanalítica de Viena el 30 de diciembre. Según la nota, un primer borrador fue escrito en febrero de 1915 y enviado a Karl Abraham, devolviéndole éste profusos comentarios y su aporte sobre la relación de la melancolía con la etapa oral de la libido. El trabajo fue completado finalmente en mayo de 1915, poco después de sus "Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte".

De modo clínico, Freud nos indica el porqué la guerra, debido a las mociones pulsionales. Los individuos que conforman los pueblos son regidos por estas mociones. Mociones primitivas que son inhibidas, guiadas hacia otras metas. Pero que se fusionan con otras y cambian de objeto. En la página 283 del tomo XVI nos explica: “En sí, estas mociones pulsionales no son ni buenas ni malas. Las calificamos así, a ellas y a sus exteriorizaciones, de acuerdo con la relación que mantengan con las necesidades y las exigencias de la comunidad humana” (Freud, 1998).

¿Quién define las necesidades y las exigencias? El Estado. Así la necesidad de seguridad deviene en una serie de excesos. Recordemos las guerras en defensa de la democracia de EUA o la guerra contra el narco del sexenio pasado. Ésta última ha lacerado el tejido social y la paz interior, de un modo que parece irresoluble. Bajo la bandera de la seguridad se escuda un estado policial que lejos de cumplir su función de protección, reduce las garantías de los ciudadanos. Por ejemplo: 2 de octubre de 1968, el Jueves de Corpus el 10 de junio de 1972 (El Alconazo), 2 de marzo de 1977 represión estudiantil en Oaxaca. Aguas blancas, Guerrero 28 de junio de 1995, Atenco, estado de México y Oaxaca, Oaxaca 2006, y más recientemente el 26 de septiembre de 2014 en Ayotzinapa. No son los únicos casos, pero no es la finalidad señalar todos los crímenes de Estado sino mencionar cómo la historia está plagada de acciones arbitrarias y discursos redentores.

Zygmund Bauman, sociólogo actual y crítico del sistema, comenta en entrevista:

“Seguridad sin libertad, es esclavitud. Libertad sin seguridad es completamente un caos. No existe la media perfecta de estos dos elementos, indispensables para la vida. Cada vez que tienes más seguridad, entregas un poco de tu libertad. De igual modo: cada vez que tienes más libertad entregas parte de tu seguridad. Freud, en El malestar en la cultura (1930), dice que la cultura es un intercambio. Es decir: das algo de valor por algo de otro valor. La antigua generación entregó demasiada libertad en pro de la seguridad. Bauman agrega: “estoy profundamente convencido que si Freud estuviera aquí, repetiría que toda civilización es un intercambio pero su diagnóstico sería opuesto, ahora sería: que nuestros problemas se derivan de que hemos entregado demasiado en seguridad en pro de más libertad. Quien ha cedido, no es el estado, somos nosotros”. (entrevista inédita) Por otro lado, y en el mismo tenor, en la página 284 Freud refiere: “La cultura se adquiere por renuncia a la satisfacción pulsional, y a cada recién venido le exige esa misma renuncia” (Freud, ib ídem).

Frente a esta situación, de pérdida, que compartimos y que podemos constatar a cada paso, en cada esquina, en cada nota periodística, seguir suponiendo la grandiosidad y exuberancia de desarrollo y prosperidad no deja de ser una imaginería fantástica que desconoce lo difícil que es vivir en cada época de nuestras vidas, que siempre estuvimos más o menos jaqueados, sabiéndolo o no, y que somos, frente a ello, resistentes, afanosamente persistentes en nuestras ansias de vivir, a veces incomprensibles ante tantos avatares. Sobreviviendo de muchas formas, algunas tan limítrofes con la destrucción y la muerte, con tanta anestesia al dolor o, por el contrario, con tanto goce en el dolor, propio o ajeno, que la muerte pierde su perspectiva de fin inevitable y se arma a cada rato como peripecia siniestra de la propia vida. Freud concluye su trabajo: “Y soportar la vida sigue siendo el primer deber de todo ser vivo. La ilusión pierde todo valor cuando nos estorba hacerlo” (Ib ídem).

No es la muerte la que se opone a la vida, sino la vida la que se opone a la muerte, no se trata de tener valor ante la primera sino ante la segunda. Porque estamos ante un deber. Porque al final sólo nos es accesible esta vida y no hay otra.